ARAMBARRI FERNANDEZ, JAVIER 20 octubre 2007 15:31
Tiempo de silencio.
Tomo prestado de D. Jose María Dorronsoro (S.J.) el título del programa con el que nos devolvió –con creces- a los españoles los denarios y facultades que le otorgó Dios en esta vida. Sirva como homenaje de respeto en su actual etapa de vida, temblorosa y frágil.
A la atención del Presidente interino del C. de G. La Moraleja.
Estimado Sr. Lillo:
Confirmo, después del tiempo reglamentario de cortesía, que Ud. no quiere contestar a la solicitud que amablemente le cursé –por esta vía- el 27 de septiembre. Acaba de entrar Ud. –como miembro de pleno derecho- en esa agenda de personas que no contestan mi carta y créame que sus vecinos de agenda no son el tipo de gente que nadie elige como amigos a frecuentar.
Hemos tenido demasiado silencio por parte del Consejo de Administración del club, durante demasiado tiempo.
Hemos tenido silencio, en vez de explicaciones, sobre las causas de la dimisión del anterior presidente (Sr. Quintanar), que era sin duda un excelente, honrado y ordenado financiero, aunque nunca debió ser presidente, al acceder por accidente y no ser electo por los socios.
Todavía tenemos silencio ante la petición de explicaciones de cómo han conseguido cerrarnos hoyos de golf, después de 30 años de estar en uso y quién ha sido el responsable jurídico de semejante fiasco. (En esto, el Secretario del Consejo debería explicar algo, aunque solo fuese por los años que lleva como asesor jurídico)
Hay silencio cuando un socio solicita copia del acta de una Junta General de accionistas (pese a que el Secretario del Consejo, Sr. Bermúdez, sabe que es absurdo no facilitarlo a un accionista de pleno derecho puesto que el contenido que afecta al club puede leerse en el registro mercantil por cualquiera que lo solicite, aún no siendo socio).
Todavía tenemos silencio cuando un accionista se ha interesado por la nomina de sueldos que totalizan 4€ millón de gastos anuales (y que para el año 2008 aumentan 300.000€ este capitulo).
Obtenemos silencio crónico ante la petición de explicaciones sobre el presupuesto de gastos para el año siguiente (en este caso, 2008) cuando una cuenta de gastos de 6€ millón, debería –como mínimo- ser explicada a los accionistas el año anterior y observada en seguimiento presupuestario muy de cerca durante el año en curso.
Son demasiados silencios y ninguno de ellos dignifica a los gestores.
En su silencio, Sr. Lillo, Ud. da continuidad a las anteriores conductas reprobables y poco profesionales del Consejo de Administración del club, corrobora esas feas prácticas, y se confirma en un antipático silencio que no acierto a calificar si es un silencio cómplice, o temeroso, pero poco importa, por que lo que si le aseguro es que no es digno del Presidente que todos necesitamos para este club.
Sus accionistas no quieren su silencio. Quieren impecable gestión y muchas explicaciones. Muchos de ellos le han negado la aprobación de cuentas del año 2006 en Junta General de accionistas y le han solicitado la dimisión en la Junta extraordinaria para aprobación del reglamento electoral. Esto no se había visto nunca en este club, y tampoco lo veo en ninguna de las sociedades en las que me toca ser consejero. Le invito a la reflexión, mientras disfruta de su silencio.
Ud., Sr. Lillo, tiene absoluta libertad y derecho a estar en silencio -como yo, en mi casa- pero mientras quiera ser presidente del club, esta obligado a dar explicaciones a todos los accionistas del club –incluso a los pelmas- porque Ud. gobierna el patrimonio de todos los accionistas del club –incluso el de los pelmas-. Esto parece obvio, pero merece la pena recordárselo, para asegurarme que es consciente de ello y que sus silencios no son motivados por desatención de sus obligaciones. Ud. sabe por qué son, aunque todos los demás tenemos perfecto derecho a sospechar lo que queramos, en ese inmenso tiempo de silencio con el que se adorna.
Y por último, la única ocasión en la que su silencio hubiera sido noble, generoso y se lo hubiéramos agradecido todos los asistentes a la Junta General, Ud. dio explicaciones no solicitadas sobre unos acontecimientos históricos del accionista Wunch que transformó la Junta General en algo parecido a un programa de prensa rosa de televisión. Quiero remitirle con toda humildad al Sr. Wunch un fuerte abrazo de camaradería en los errores que haya cometido en su vida, porque aunque no comulgue con la mitad de sus actuaciones e intervenciones, merece mi absoluto respeto como socio y como persona ya que sus intervenciones siempre, insisto, siempre han querido ayudar a mejorar el club. Sin ninguna duda no era un tema de Junta, ni lo había solicitado nadie, ni era tiempo, ni forma. No, Sr. Presidente; la pública revancha al socio apaleado por la justicia no es una conducta que queremos ver en nuestro máximo representante en el Consejo.
Yo le ruego encarecidamente que ejercite su silencio o su palabra, pero siempre que el uso o desuso de la palabra, le ennoblezca, porque necesitamos un Presidente que de categoría a este club y mientras esté en el cargo, está Ud. obligado a comportarse como toca, no como le apetezca.
Atentamente
J. Arambarri